Feria Oficial y Nacional de Muestras en Sevilla / Feria de Muestras Iberoamericana de Sevilla (1)

Los antecedentes de la Feria de Muestras de Sevilla

Detalle del cartel de la Exposición Iberoamericana de Sevilla del año 1929-1930, obra de Gustavo Bacarisas Podestá.

Valencia y Barcelona han sido a lo largo del siglo xx los referentes españoles de ciudades feriales con proyección internacional. También ha habido un conjunto de ciudades medianas que han organizado con más o menos éxito y con continuidad ferias de muestras, primero de ámbito nacional y, posteriormente, internacional. Entre estas ciudades destaca Sevilla, aunque se apuntó a la carrera bien entrada la segunda mitad del siglo y con un éxito relativo. La primeria Feria Nacional y Oficial de Muestras de Sevilla Se inauguró el 14 de abril d 1958 en los jardines de San Telmo. Con este nombre se celebraron tres ediciones (1958, 1959 y 1960). A partir de 1961, se le otorgó un componente internacional al evento y pasó a denominarse Feria de Muestras Iberoamericana de Sevilla.

Los antecedentes de la Feria de Muestras de Sevilla están vinculados a la tradicional Feria de Abril que, desde 1847, se celebra en la capital andaluza. Dos metecos fueron los principales impulsores, el vasco José M. Ibarra y el catalán Narcís Bonaplata. La Feria de Abril nació con la voluntad de promover la ganadería, la agricultura, las industrias y el comercio vinculados al sector primario. Este objetivo fundacional fue difuminándose progresivamente y el carácter festivo de la Feria ganó protagonismo en detrimento del carácter mercantil y ganadero. A pesar de la desfiguración del objetivo fundacional, los tímidos intentos de la sociedad sevillana de crear exposiciones mercantiles e industriales persistieron, «de las que existen noticias poco concretas en anales e historias de la ciudad, respecto a su identidad económica, pero con la certeza de que evidentemente existieron».[1] En el año 1858, por ejemplo, tuvo lugar una exposición agrícola e industrial en el Real Alcázar de Sevilla.

El primer gran acontecimiento que tuvo una amplia repercusión fue la Exposición Bético-Extremeña, celebrada el año celebrada 1874 en las galerías y los patios del Real Alcázar de Sevilla. La Exposición, de carácter regional, tenía cinco ámbitos temáticos: ciencia, agricultura, industria, bellas artes y floricultura. La Revista Europea realizó la siguiente descripción: «La exposición bético-extremeña que se está celebrando en los magníficos salones del Alcázar de Sevilla, es notable por muchos conceptos. Entre los productos agrícolas llaman la atención los presentados por el marqués de la Gomera, de Osuna, D. Antonio Fernández Negrete y D. José Sáenz de Juano. En el ramo de perfumería ha presentado un grande y variado surtido la fábrica de los señores Tena, hermanos. Entre los productos cerámicos figuran en primera línea los de Pickman y compañía, y también han presentado estatuas, jarrones y otros objetos de mérito los señores Pelli, Perouse y Montalvan, de Triana. En objetos de corcho hay una gran riqueza, llamando mucho la atención un aderezo de señora, que es un trabajo curiosísimo. El cuerpo de Artillería ha expuesto varios productos de sus fábricas. En cromo-litografías, trabajos holográficos y fotografías, hay láminas de gran mérito de D. Fausto Muñoz, de Málaga, y artistas sevillanos. Los pianos presentados por el señor Cavayé son de bastante mérito. D. Miguel Trillo, premiado en la exposición de Viena, ha presentado unos preciosos arabescos, que llaman mucho la atención. Los artefactos de hierro, acero y otros metales de las fábricas sevillanas de San Clemente, San Antonio y Portilla, son de primer orden».[2] Aunque la Exposición consiguió un relativo éxito, el componente industrial fue más bien escaso, hecho que reflejaba la realidad andaluza de mediados del siglo xix, una sociedad predominantemente agraria y donde el desarrollo industrial era todavía una quimera. El mes de septiembre del año siguiente abrió sus puertas la Feria de San Miguel, una feria ganadera que se convirtió rápidamente en un acontecimiento festivo, como lo era también la Feria de Abril.

Cartel de las fiestas de Semana Santa y de la Feria de Abril de 1899.[3]

Entre 1875 y 1892 continuaron organizándose exposiciones locales de tipo comercial y, en algunas ocasiones, con un componente industrial; una dinámica que cristalizó el año 1892 con la presentación de una moción en el Ayuntamiento de la capital andaluza que reivindicaba la celebración de una gran exposición industrial en Sevilla aprovechando el empuje que tenía la Feria de Abril: «Algo debe hacer el Ayuntamiento para prosperidad de las industrias sevillanas, creando una Exposición de Artes Industriales en donde todos aquellos productos poco conocidos de los extranjeros y aún de los españoles mismos, que abundan en Sevilla y son muestra de su adelanto y cultura, luzcan reunidos, y exhibidos y presentados con arte puedan apreciarse mejor, facilitándose de ese modo el que se conozcan y adquieren por el crecido número de forasteros y extranjeros que durante las festividades de abril concurren a esta ciudad y así luciría sus adelantos y prosperaría la industria sevillana y añadiría el Municipio al programa de festejos un espectáculo más, digno de este pueblo culto e ilustrado».[4] La moción tuvo una buena acogida, pero el proyecto no prosperó; una tónica que desafortunadamente se repitió muchas veces a lo largo del siglo xx. Sin embargo, diversos eventos de carácter económico de menor importancia se llegaron a celebrar: en 1898 se organizó una exposición de cerámica en la Lonja de Sevilla y en 1899, un concurso de maquinaria agrícola en que participaron las principales fundiciones sevillanas.

Con el cambio de siglo, los intentos para impulsar exposiciones industriales en Sevilla dieron los primeros resultados, aunque no muy espectaculares. Diversas personalidades relevantes de la sociedad civil de la capital, andaluza manifestaron la necesidad ineludible de organizar acontecimientos que mostraran el progreso de la sociedad andaluza y deshacer el tópico según el cual sólo tienen éxito los de carácter meramente festivo. «No debemos dejarnos llevar por espejismos nuestra Feria (Feria de Abril) no es afortunadamente una velada más; por mucha que sea la fascinación del conjunto, por brillante que sea el festejo, aquélla no puede estar vacía de contenido, debe tener como antaño, sus profundas raíces en la economía regional, y si las bases de ésta han variado en el transcurso del tiempo, una juiciosa política será la de plegarse a las nuevas condiciones, marchando por los nuevos cauces que señalan las realidades económicas actuales».[5] Esta voluntad se hizo evidente el año 1905, con la organización de la Exposición de Industrias Locales, que tuvo un gran éxito de público: «La Sevilla industrial se ha revelado tal como es, demostrando lo mucho que se trabaja y sus progresos, de que son elocuentes pruebas las industrias nuevas que figuran en el catálogo de la Exposición».[6] Tres años más tar5de, en 1908, se celebró la llamada fiesta España en Sevilla, con una exposición regional de marcado carácter patriótico y folklórico que tuvo unos efectos económicos positivos para la ciudad.

Cartel de Gonzalo Bilbao Martínez (Sevilla, 1860 – Madrid, 1938) de las fiestas de Semana Santa y de la Feria de Abril de 1900.[7]

En 1922 fracasó el primer intento de instituir una exposición o feria anual y permanente similar a las que ya se celebraban en Barcelona y Valencia. Los promotores de la iniciativa la defendían de la siguiente manera: «El extraordinario desarrollo industrial que en pocos años viene observándose en la región andaluza y en particular en su metrópoli, la necesidad de que llegue a conocimiento no sólo de las demás regiones de España, sino del extranjero, la labor artística que en todos los ramos realiza la industria y el obrero sevillano, hasta hoy desconocido, impone la necesidad ineludible de que se estudie la realización de una Feria de Muestras que, como las que se celebran periódicamente en Barcelona y Valencia, sea portavoz de las excelencias del artífice sevillano y propagandista eficaz de los productos de esta región».[8] Se llegó al acuerdo de organizar el año siguiente una Feria de Muestras de ámbito regional, con el apoyo del Ayuntamiento de la ciudad y de la Diputación de Sevilla. La iniciativa no llegó a buen puerto y no se celebró, como ya acostumbraba a ser habitual. Únicamente se organizó una Exposición de Productos Regionales en el pabellón de Bellas Artes de la plaza América, el marco de las reuniones iberoamericanas para el estudio del comercio exterior.

El gran momento de gloria para la ciudad de Sevilla en relación a los eventos expositivos llegó en 1929 con la Exposición Iberoamericana. La idea de celebrar una exposición internacional en la capital andaluza nació en 1909. Hubieron de pasar dos décadas para que el, proyecto fuera una realidad. La primera fecha prevista para inaugurar la Exposición Iberoamericana fue la del 1 de abril de 1911, pero tuvo que aplazarse a 1914. Entonces, la coyuntura internacional, con el estallido de la Primera Guerra Mundial y los problemas coloniales españoles en el norte de África, juntamente con las disputas internas en relación a la gestión de la Exposición, fueron retrasándola hasta 1929. La Exposición Iberoamericana se inauguró finalmente el 9 de mayo de 1929 y permaneció abierta al público hasta el 30 de junio del año siguiente.

Cartel de la Exposición Iberoamericana de Sevilla del año 1929-1930, obra de Gustavo Bacarisas Podestá (Gibraltar, 1873 — Sevilla, 1971).[9] Gustavo Bacarisas, nacido en Gibraltar en el seno de una familia de origen balear, fue un reconocido pintor que plasmó su creatividad en otras disciplinas artísticas como la escultura, la cerámica y la escenografía. En su faceta como cartelista, destaca el cartel encargado por el Ayuntamiento de Sevilla de las fiestas de primavera de 1917 y el cartel de la Exposición Iberoamericana de 1929. En relación a esta obra, merece la pena transcribir la descripción iconográfica que del cartel de Gustavo Bacarisas apareció en las páginas del periódico El Liberal: «… Sobre un fondo obscuro se destaca la evocación de la plaza de España, de cuyo centro emerge una Giralda estilizada, y delante de ella, en bien estudiada colocación, flamean las banderas de las diferentes nacionalidades ibero-americanas que han de estar representadas en el magno certamen, poniendo con la estridencia de sus colores la nota graciosa de un bien concebido contraste. Delante de la gran plaza, Iberia, arrogante, ofrece a las figuras que evocan a la América Latina el laurel de oro, símbolo acabado de la gloria que la vieja nación ibérica supo conquistar por y para sus hijas. La obra de Bacarisas es un acabado modelo de las de esta clase, por la genialidad en la concepción y por la justeza en la ejecución. Las tintas planas riman perfectamente en una entonación que conviene al cartel anunciador, y en el que todo es simbolismo».[10] De acuerdo con la opinión de Francisco Martín Cartaya,[11] Gustavo Bacarisas fue el primer artista andaluz que asimiló la idea del cartel como reclamo publicitario, una perspectiva que los cartelistas de los años siguientes no supieron, o no quisieron, aprovechar.

El proyecto de celebrar una Exposición Iberoamericana tuvo una acogida muy buena. Según sus promotores, que pronto tuvieron el apoyo del Ayuntamiento de Sevilla, el acontecimiento debía servir para proyectar internacionalmente la ciudad y modernizarla. Los principales objetivos de la ciudad vinculados a la Exposición fueron la reforma urbanística, el fomento del turismo, la creación de ocupación mediante la mejora de la actividad económica urbana y el fortalecimiento de las relaciones económicas y culturales con los países iberoamericanos. Los países que participaron en la Exposición Iberoamericana fueron Argentina, Brasil, Colombia, Cuba, Chile, los Estados Unidos, Marruecos, México, Perú, Portugal y Uruguay. También hubo una destacada representación de las regiones españolas y de las provincias andaluzas. El legado más destacable de la Exposición Iberoamericana hay que buscarlo en el ámbito urbanístico. Hasta entonces y en comparación con otras ciudades europeas y españolas, Sevilla se encontraba muy atrasada en lo que se refiere a la prestación de servicios básicos (alcantarillado, pavimentación, abastecimiento de agua y luz, viviendas, etc.). Gracias a la Exposición, Sevilla realizó un paso hacia adelante muy considerable.

Cartel de Juan Miguel Sánchez de las fiestas de Primavera y Semana Santa n el marco de la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929.

Durante el período republicano se volvieron a presentar diversas propuestas para crear una feria de muestras anual y permanente. En 1936, se constituyó un comité para impulsar la creación de una feria de muestras en la capital andaluza, que se reunió por primera vez el 18 de noviembre de aquel año. Dos meses más tarde, el 15 de enero de 1937, el Ayuntamiento de Sevilla obtuvo la autorización para celebrar la feria de muestras como complemento de la tradicional Feria de Abril, sin embargo, el proyecto quedó aparcado como consecuencia de la Guerra Civil. En 1945 se renovó la autorización para celebrar una feria de muestras, pero la iniciativa fue dilatándose en el tiempo y no fue una realidad hasta 1958. Como muy bien dice Nicolás Salas,[12] «fueron doce años de dilaciones y pérdidas de tiempo, que hicieron a Sevilla perder también oportunidades comerciales». Constatación que también plasmaba Carlos López Lozano en las páginas del periódico ABC en 1956: «Ahí tenemos a Murcia, que ya ha montado su Exposición o Feria de Muestras, dándole carácter regional para el Sureste del país y aquí estamos nosotros proyectando todavía, lo que vamos a hacer, pese a la bonísima voluntad de cuantos colaboran en el empeño».[13] López Lozano señalaba los culpables: «porque quienes podían […] —léase los comerciantes de Sevilla y su Cámara de Comercio— dormían el sueño apaciblemente sobre viejas leyendas».[14]

Finalmente, la primera Feria Oficial de Muestras de Sevilla se inauguró el 14 de abril de 1958. El director técnico de la Feria, Francisco Sánchez-Apellaniz, expresaba dos días después de la inauguración como veía el futuro del evento ferial.

«Nosotros vemos la futura Feria de Sevilla compuesta de tres Ferias:

A1. La Gran Feria Velada, que es la que actualmente existe.

A2. La Feria de Muestras, que es la que dará contenido industrial y comercial, asegurando con ello la base económica indispensable para que perdure la Feria-diversión.

A3. La Feria-Exposición de Ganados Selectos, reanudando la que durante unos cuantos años existió.

Estas tres Ferias, independientes entre sí por razón de sus finalidades, que son distintas, pero perfectamente combinadas, porque son la parte de un todo, constituirían la Gran Feria Sevillana de aquí en adelante ».[15]

Sánchez-Apellaniz tampoco dudaba que en un corto plazo la Feria sería internacional: «No dudamos que una vez consolidada nuestra Feria de Muestras, como ya predecíamos en nuestro estudio publicado hace veintisiete años, su ámbito será ampliado previa la oportuna autorización ministerial, a Ibero-americana, es decir, Portugal y toda la América hispana y portuguesa».[16] En el mismo sentido se expresó el marqués del Contadero, alcalde de Sevilla, en el acto oficial de inauguración de la primera Feria de Muestras de Sevilla: «Constituye la I Feria de Muestras sevillana, el paso inicial para la realización, si Dios quiere, en plazo no dilatado, de un más ambicioso empeño, cual es la magna feria de Muestras Iberoamericana, que, por mil razones históricas, geográficas y sentimentales ha de tener por sede natural a Sevilla».[17] En el mismo acto, Alberto Ullastres, ministro de Comercio, se congratulaba que la Feria de Muestras de Sevilla fuera una realidad, pero no ahorraba en críticas por la falta de confianza de la sociedad civil sevillana hacia el proyecto ferial, una falta de confianza que había conducido a numerosos aplazamientos debido a las constantes dilaciones en la toma de decisiones estratégicas: «Por fin tiene Sevilla su feria de Muestras, o por mejor decir, por fin reúne Sevilla su feria de Muestras, porqué la tenía concedida, como sabéis, hace varios años, y confiando poco en sus fuerzas no se atrevía a celebrar su primera edición».[18]

Folleto de información y propaganda de la II Feria de Muestras de Sevilla de  1959.[19]

Dos años más tarde, en el acto de inauguración de la III Feria Oficial de Muestras de Sevilla, el presidente de su Comité Ejecutivo, José J. González Reina, volvía a la carga con la demanda de la categoría de iberoamericana para la Feria de Muestras de Sevilla: «Por tercera vez abre sus puertas la Feria Nacional de Muestras en Sevilla, con el deseo de ser representación genuina de los productos de nuestra región. […] Estoy seguro de que las dignísimas autoridades que van honrar con su presencia el interior de nuestro recinto acabarán por comprender plenamente nuestros anhelos de que se nos conceda el que nuestra Feria Nacional de Muestras sea elevada a la categoría de Iberoamericana».[20] El alcalde de la ciudad, Mariano Pérez Ayala, también incidía en este punto, a la vez que hacía una descripción de la realidad económica sobre la cual se levantaba la Feria de Muestras de Sevilla: «La Feria sevillana tiene, pues, en su origen, y necesita en su subsistencia, una base comercial para no caer en una ficción folklórica, incompatible con el realismo auténtico andaluz; pero esta base no puede ser ya el trajín clásico del ganadero que exhibía sus cuadras de caballos y mulas para admiración y deseo de los labradores castellanos y manchegos. Andalucía mecaniza su agricultura y necesita, por ello, de una fuerza y unos aperos muy distintos a los de antaño, que ha de proporcionar una industria auxiliar, y al intensificar sus cultivos con nuevos y mayores producciones, ha de buscar la defensa de su economía en industrias complementarias, cuya mercancía necesita dar a conocer con ambiciones de amplios mercados. He aquí, señores, la gran razón de la Feria de Muestras de Sevilla, por cuyo desarrollo y esplendor lucharemos, seguros de no fracasar. La Feria de Muestras de Sevilla no es una ficción ni es un simple deseo de figurar, por mero aunque legítimo orgullo regional al lado de otros certámenes nacionales. La Feria de Muestras de Sevilla, que ha de ser, por propio impulso, por derecho y por necesidad natural, de toda la región de Andalucía, con carácter hispano-americano, ha de lograr ese rango y categoría, pues a ello va unido nuestro nombre, nuestro porvenir y el porvenir de España en el concierto económico de las naciones».[21]

Otras voces reconocían el retraso en que se encontraba el proceso de industrialización andaluz y que la Feria era una oportunidad inmejorable para corregirlo: «como nuestra región se encuentra en el principio de su etapa de industrialización, la Feria de Muestras será un exponente de todos los progresos industriales actuales. […] y esta lección de cosas vistas, que es la más fácil y al mismo tiempo la más eficaz, les convencerá de la necesidad de transformar sus métodos y procedimientos. Acelerará pues, el ritmo de la industrialización de la región».[22]

Durante el franquismo, la inauguración de la Feria se convertía en un acto solemne, tal como sucedía en todas las feria españolas, donde el protagonismo lo tenía la Iglesia y el Ejército, los bastiones sobre los cuales se levantaba el régimen dictatorial. Los representantes del mundo empresarial siempre quedaban relegados en un segundo término. Las crónicas de la época ilustran de manera fehaciente el atrezzo con que se envolvían estos actos institucionales. Vale la pena reproducir la crónica de ABC de la inauguración de la III Feria de Muestras de Sevilla: «Sobre el fondo del escenario, donde se había instalado el estrado, presidía un gran retrato del Caudillo entre banderas con los colores nacionales, como asimismo en los laterales figuraban ricos tapices. Ocupó la presidencia el cardenal arzobispo, que tenía a su derecha al director general de Expansión Económica; gobernador militar accidental, que representaba al capitán general de la II Región, que había tenido que ausentarse después de la bendición, y el alcalde de la ciudad. A su izquierda se encontraban el teniente general jefe de la Región Aérea del Estrecho, el gobernador civil y el comisario de ferias y exposiciones Comerciales».[23]

Folleto de información y propaganda de la V Feria de Muestras Iberoamericana de Sevilla del año 1965.[24]

En 1961, los deseos de las autoridades sevillanas se hicieron realidad y la Feria de la ciudad pasó a denominarse Feria Iberoamericana de Muestras de Sevilla. La lucidez del ministro de Comercio, Alberto Ullastres, volvió a plasmarse en su discurso durante el acto de inauguración, el 25 de abril de 1961: «La Feria, por fin, Iberoamericana de derecho, tiene que fijarse un plazo para serlo de hecho. Yo haré lo que esté de mi parte en este y en el otro lado del Atlántico. Casi todo lo demás lo tienen que hacer los sevillanos. ¿Lo harán?».[25] Si el año anterior Alberto Ullastres había criticado la sociedad sevillana por sus constantes dilaciones, en esta ocasión, su «¿Lo harán?» rezumaba una falta de confianza en el futuro de la Feria Iberoamericana. La realidad de las ediciones siguientes de la Feria demostró que la premonición del ministro de Comercio era totalmente cierta. El acontecimiento ferial se vio inmerso en un largo ciclo de interinidades que perduraron casi dos décadas. Durante este período, todos los intentos de cambio de ubicación, de disponer de instalaciones permanentes, de organizar salones y ferias monográficas durante el año, como complemento de la feria matriz, de darle a esta un contenido verdaderamente práctico que sirviera a la promoción de la economía sevillana y andaluza fueron inútiles.

Folleto de información y propaganda de la IV Feria de Muestras Iberoamericana de Sevilla del año 1964.[26]

En la década de los años setenta del siglo pasado, la lucha de los responsables de la Feria Iberoamericana se centraba en dos cuestiones: la necesidad de un nuevo recinto y que la proyección iberoamericana de la Feria fuera algo más que un adjetivo ampuloso que acompañara a la marca del evento. La primera, y más urgente, era encontrar una solución para la ubicación de la Feria, un espacio donde construir unas instalaciones permanentes y abandonar los jardines de San Telmo que hasta entonces habían acogido el evento ferial. Para las autoridades municipales, en un exceso de autocomplacencia, la necesidad de una nueva ubicación respondía al éxito de crecimiento que había conseguido la Feria. En el acto de inauguración de la XI Feria de Muestras Iberoamericana de Sevilla, el alcalde de la capital andaluza, Juan Fernández Rodríguez-García del Busto, afirmaba: «cuando se creó la feria de Muestras de Sevilla, los escépticos, los eternos descontentos, pensaron que el certamen de Sevilla no iba a alcanzar la mayoría de edad; que una Feria de Muestras iba bien en otras ciudades, pero que los sevillanos no conseguiríamos los que otros consiguieron; que Sevilla prefiere el ocio al negocio y que ya era bastante celebrar la llegada de cada primavera con el azahar en los naranjos de las plazas o en los pasos de las vírgenes y con el albero de la plaza de toros o en el Real de la Feria de Abril por el Prado de San Sebastián. Pero se equivocaron. Porqué los problemas que hoy tiene la XI Feria de Muestras de Sevilla son problemas creados por su extraordinario desarrollo. La Feria no está enferma, sino que por su desarrollo no cabe en los jardines de San Telmo».[27] Por su parte, el subsecretario de Comercio, Nemesio Fernández Cuesta, reiteraba las criticas que una década antes había formulado Alberto Ullastres; una feria que formalmente: «He de subrayar que esta Feria necesita ser vertebrada y requiere cobrar una fisonomía y una impronta a tenor de los ambiciosos objetivos que debe proponerse. Contará con las ayudas que haga falta, pero carecería de franqueza si no pusiera todo mi énfasis en el imprescindible esfuerzo propio que será necesario realizar, para que esta reunión, que he calificado de familiar, incorpore un mayor contenido efectivo y convierta en auténtica y representativa una denominación que hoy, hemos de reconocer, rebasa en mucho la realidad que encierra y que no cubre, en cambio, todos los propósitos que animaros sus albores fundacionales».[28] Aquel reto lanzado por el ministro de Comercio el año 1960, «¿Lo harán?», no había encontrado respuesta y las oportunidades de convertirse en un referente en el panorama ferial español se iban desvaneciendo año tras año: «El enigma está en lo que vaya a ser la Feria de Muestras el día de mañana, después de haber perdido todas las monográficas que se han llevado otras organizaciones y otras ciudades».[29]

El nivel de autocrítica de los responsables de la Feria fue creciendo en paralelo al desencanto que les causaba la no resolución del conflicto sobre el recinto ferial. En el acto de inauguración de la XIV Feria de Muestras Iberoamericano, José Jesús García Díaz, presidente del Comité Ejecutivo, era extremadamente taxativo en su análisis: «En 1974 […] la feria de Muestras de Sevilla ha alcanzado los niveles básicos que pueden hacer posible su realidad. Quiero decir su realidad espléndida, no como mito y menos aún como verbena, sino como auténtico instrumento de promoción al servicio de la economía de nuestra zona, del valle del Guadalquivir y su entorno. […] todo este esfuerzo […] no serviría de nada si el certamen mantiene la interinidad de sus instalaciones provisionales, de un recinto inadecuado, que ha supuesto durante más de una década la frustración de los sevillanos. […] La feria de Muestras de Sevilla necesita urgentemente su nuevo recinto, su sede permanente tanto para el certamen iberoamericano como para las ferias monográficas que ya tenemos programadas y otras que requieren nuestra entidad económica. […] des de 1961 hasta 1972, la Feria de Muestras Iberoamericana ha vivido tres etapas, que van desde la esperanza del ideal iberoamericano a la pérdida de los objetivos que verdaderamente incumbían a nuestra Feria, pasando por la falta de criterio en cuanto a la política ferial, al mantenimiento de una imagen deformada de nuestro certamen, fomentada sobre todo por un proyecto de cambio de recinto y de relanzamiento que sólo existía sobre el papel y dejando pasar repetidas oportunidades de establecer ferias monográficas que respondían a las características socioeconómicas del Sur. Sevilla ha perdido diez años, con todas las consecuencias que ello supone en estos momentos en que las ferias de muestras, tanto a nivel internacional como nacional, están en trance de restructuración. […] La restructuración (de la Feria) […] sólo será posible cuando dispongamos del nuevo recinto. La interinidad crónica que padecemos impide la planificación sectorial, la creación de servicios permanentes, la programación de ferias y salones regionales y múltiples actividades anexas. […] La falta de este recinto hasta triplica los gastos de mantenimiento, a la vez que frustra la creación de una auténtica empresa ferial. […] Nosotros no podemos mantener por más tiempo la interinidad nacida en 1958. Son muchos años de esperanzas fallidas».[30] La interinidad de la cual hablaba José Jesús García Díaz va persistió todavía unos cuantos años más.

En lo que respecta al componente iberoamericano de la Feria, la realidad era, más o menos, como la de 1961, puramente simbólica. Según Juan Fernández Rodríguez-García del Busto, alcalde de Sevilla, «nada más ingrato que ver, un año más, que los sectores iberoamericanos, con una presencia que sólo es simbólica, quepan agrupados en el Casino de la Exposición. […] Hemos de conseguir que si nuestra Feria de Muestras se llama específicamente Iberoamericana, que lo sea de verdad».[31] Nunca llegó a serlo.

La última edición de la Feria Iberoamericana de Sevilla que se celebró en los jardines de San Temo fue la del año 1981: «después de veintiún años de presencia en unos jardines que siempre fueron un lugar inadecuado».[32] Se Cerraba un ciclo: «Hoy se podría decir, la Feria Iberoamericana ha muerto, viva la Feria Iberoamericana. Pero una feria nueva y en unas instalaciones dignas y modernas, donde realmente puedan celebrarse jornadas de intercambio empresarial».[33] A partir de entonces, la marca Feria Iberoamericana de Sevilla (FIBES) ha continuado existiendo como institución cuyo objetico es organizar salones monográficos y congresos empresariales. La trayectoria de la Feria de Sevilla fue muy errática, nunca consiguió dar contenido al calificativo de iberoamericana y la consecución de un recinto digno donde ubicar las instalaciones feriales llegó demasiado tarde.


[1] Salas, Nicolás. Las ferias de Sevilla. Universidad de Sevilla. Sevilla: 1992, p. 156.
[2] Revista Europea, Madrid, 10 de mayo de 1974, año I, volumen I, núm. 11, p. 350.
[3] Galería Albertina (AL). Inventarnummer: DG2004/4144
[4] Salas, Nicolás. Op. Cit., p. 160.
[5] Collantes de Terán, Francisco. «Nacimiento y renacimiento de la Feria». ABC, 22 de abril de 1948.
[6] Salas, Nicolás. Op. Cit., p. 161-162.
[7] Galería Albertina (AL). Inventarnummer: DG2004/4134
[8] Op. Cit., p. 164.
[9] AHCCB. Fondo de carteles núm. 7.033.
[10] Citado por Rodríguez Aguilar, Inmaculada Concepción. Arte y Cultura en la prensa. La pintura sevillana (1900-1936). Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla. Sevilla, 2000, p. 529-530. «Cartel anunciador de la Exposición». El Liberal, 4 de febrero de 1928.
[11] ABC, 8 de noviembre de 1993.
[12] Op. Cit., p. 170.
[13] López-Lozano, Joaquín Carlos. «De la feria de ayer a la Feria de mañana». ABC, 20 de abril de 1956.
[14] López-Lozano, Joaquín Carlos. «Nascencia, crecimiento y porvenir de la Feria de Muestras». ABC, 27 de abril de 1973.
[15] Sánchez-Apellaniz, Francisco. «Historia de los concursos mercantiles internacionales y de la Feria de Muestras de Sevilla». ABC, 16 de abril de 1958.
[16] Op. Cit.
[17] Salas, Nicolás. Op. Cit., p. 171.
[18] Op. Cit., p. 172.
[19] La Feria de Muestras de Sevilla abre sus puertas. Sevilla, 1959. AHCCB 1534.6.
[20] ABC, 8 de abril de 1960.
[21] Op. Cit.
[22] Sánchez-Apellaniz, Francisco. «Historia de los concursos mercantiles internacionales y de la Feria de Muestras de Sevilla». ABC, 16 de abril de 1958.
[23] ABC, 8 de abril de 1960.
[24] AHCCB 1536.4.
[25] López-Lozano, Joaquín Carlos. «Punto y aparte». ABC, 21 de abril de 1972.
[26] IV Feria de Muestras Iberoamericana. Sevilla, 1964. AHCCB 1536.4.
[27] ABC, 16 de abril de 1971.
[28] Op. Cit.
[29] López Lozano, Joaquín Carlos. «Nascencia, crecimiento y porvenir de la Feria de Muestras». ABC, 27 de abril de 1973.
[30] ABC, 23 de octubre de 1974.
[31] Op Cit.
[32] Cañibano, B. J. ABC, 19 de abril de 1981.
[33] Op Cit.
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